El Cerro del Socorro, el sombrero de Paúles

Siempre me llamó la atención que el «Cerro del Socorro» aunque algunos lo llamen «Cerro del Corazón de Jesús» —por la escultura del Sagrado Corazón de Jesús— pero la historia dice que antes de que en 1957 fuese alzado el monumento del Corazón de Jesús, existía una ermita dedicada a la devoción y culto de Ntra. Sra. Del Perpetuo Socorro.

Esa ermita se pintó en uno de los cuadros de Bartolomé de Matarana, pintor manierista genovés, que en 1579 se le documentan trabajos en la ciudad de Cuenca, entre ellos los cuadros de la vida de San Julián donde se refleja en la parte izquierda del cuadro que representa el milagro de San Julián librando a los habitantes de la ciudad de la peste, una peregrinación a la ermita del «Perpetuo Socorro» y en lo alto del cerro la ermita.

En el cerro la ermita de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro.

Volviendo al cerro del Socorro, este tiene una altitud de 1.147 metros y está ahí al lado. Desde el sector Paúles sale el sendero que asciende en zigzag por un recorrido, en su último tramo, entre enebros y pinos. Aunque también se puede subir por carretera desde el sector Merendero.

En el último tramo del sendero veremos las 14 estaciones de un Vía Crucis marcado con hitos de piedra hasta llegar al pedestal que sustenta la escultura del Sagrado Corazón de Jesús (sin interés artístico, ni histórico).

Vistas de la ciudad de Cuenca desde el cerro del Socorro
Vistas de la ciudad de Cuenca desde el cerro del Socorro

Desde allá arriba, se ve toda Cuenca, aunque no sea muy grande desde abajo, la verdad. Destacan las fachadas de los «rascacielos» del barrio San Martín donde algunos tienen más de diez plantas.

Parece ser que Pío Baroja dijo que en Cuenca los burros se asomaban a ventanas por un sexto piso. Lo que no sabía era que habían entrado por el llano de la calle Alfonso VIII. Cosas que tiene Cuenca.

Por ese barrio está la iglesia de Santa Cruz que rompe la curva de la hoz y se asienta en un peñasco sobresaliente en la ladera. Más arriba está el tejado del Museo de las Ciencias con su planetario y sus telescopios. Y justo encima, a la derecha, vemos las casas apiñadas del barrio de San Antón. Más allá, nuestra conocida autovía a Madrid y los altos de Cabrejas.

Y en primer plano, las Casas Colgadas, el puente de San Pablo y como el casco antiguo se eleva sobre la hoz del Huécar hasta llegar al barrio del castillo.

Lógicamente, no son los Alpes, sería como comparar el chocolate y el queso, o mejor dicho, como el queso manchego y el fondue. En Cuenca, disfrutamos más de sus hoces y de su ciudad —con sus edificios colgantes o no, que parece que salieron a bailar en una noche de fiesta— que de sus paisajes. Cuenca tiene ese encanto medieval y arquitectónico… aunque si salimos del pie de vía tenemos propuestas como:

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