No todo vale para encadenar: Joker y el límite que nunca debe cruzarse

Las vías son mucho más que una sucesión de chapas, agarres y movimientos. Son parte parte de la historia de muchos de nosotros; fueron proyectos, sueños, frustraciones y alegrías. Y por eso resulta indignante que alguien modifique una vía existente para adaptarla a sus capacidades.

Resulta especialmente doloroso comprobar que alguien ha decidido entre el 27 de agosto y el 5 de septiembre modificar los cantos de Joker, y alterar una línea que llevaba años equipada y respetada por la comunidad escaladora.

Aquí sí hay que buscar responsables. No se puede mirar hacia otro lado cuando se alteran de manera permanente elementos naturales de una vía. Joker no se arreglará: la vía dejará de existir como tal, porque hay acciones que cruzan una línea que no debe cruzarse.

Pretender devolverla ahora a su estado original no es una solución válida: el grado podría ser el mismo, pero nunca volvería a ser la misma vía. La escalada tiene futuro si somos capaces de respetar aquello que hemos recibido, sin adaptarlo a nuestros intereses.

No hablamos de quitar una laja inestable o cambiar un seguro. Hablamos de modificar varios de sus cantos para adaptar la vía a las capacidades de una persona.

¿Estamos perdiendo el respeto por las vías de Cuenca?

La escalada siempre ha tenido una parte esencial de aceptación. Aceptar que una vía es como es. Que sus movimientos, sus agarres, su secuencia y su dificultad forman parte del reto. Si una línea está fuera de nuestro alcance, la respuesta más sensata es entrenar más, memorizar, ensayar, volver otro día o simplemente asumir que esa vía no era para nosotros.

Pero modificar cantos cambia las reglas del juego.

Una vía es un legado, partiendo desde quien la equipó, a quienes la probaron durante años y a quienes vendrán después. Alterarla unilateralmente es tomar una decisión egoísta.

Si cada escalador/a pudiera adaptar una vía a su nivel, la referencia del grado perdería sentido y cada sector acabaría siendo una colección de modificaciones hechas según los intereses individuales de cada persona.

La roca no es un rocódromo

Quizá el problema de fondo no sea únicamente modificar la vía. El problema es una forma de entender la escalada donde el objetivo final —hacer una vía, tacharla, sumar una dificultad— parece estar por encima de todo, del lugar y por quienes la hicieron antes.

— No, no todo puede estar diseñado para nosotros.

— Una vía difícil no es un problema que haya que corregir. Es un reto que hay que aceptar.

La cultura actual de las redes sociales tampoco ayuda. La prisa por publicar un encadene, sumar un grado o recibir reconocimiento puede hacer que olvidemos que la esencia de la escalada no está solo en el resultado, sino en el camino recorrido y en enfrentarse a una vía tal y como fue creada.

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3 comentarios en «No todo vale para encadenar: Joker y el límite que nunca debe cruzarse»

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