Es sorprendente enterarse de que alguien haya robado un descuelgue de escalada. No estamos hablando de un barato, sino de un Fixe Dragón, uno de esos con mosquetón bien gordo.
Resulta difícil comprender qué puede llevar a alguien apropiarse de un elemento así, que no sólo tiene un valor económico, sino también una función esencial, y más, dando el cambiazo por un ¡cáncamo!
Lo más desconcertante es que un descuelgue no se lleva por casualidad: hay que subir, o hacerlo desde arriba, llevar herramienta y conocer lo que se hace. Quitar el descuelgue, hundir un parabolt y en otro dejas un cáncamo…
Eso hace pensar que quien lo ha robado sabía perfectamente lo que hacía. Hay que ser impresentable, huraño y egoísta.
Por suerte el descuelgue, ya está reequipado con el permiso del equipador y gracias al trabajo de @antonio_rguezsierra.

